MENOS ORDENADORES Y MEJORES PROFESORES

Lejos de elaborar un documento científico y perderme en datos estadísticos que, a buen seguro, aburrirán al lector, simplemente indico las fuentes de las que me he nutrido para elaborar esta breve reflexión como son el Handbook of the Economics of Education del año 2010, último informe PISA, las reflexiones en torno a la educación realizadas por personas que, al menos a mi juicio, son españoles de máximo nivel intelectual, humano y académico como Luis Garicano, Antonio Cabrales, Florentino Felgueroso o Jesús Fernández Villaverde, y digo humano no porque los conozca personalmente, que no es el caso, sino porque sus diagnósticos y análisis van acompañados habitualmente de una carga moral y educativa en valores que ya me gustaría que nuestros políticos pasados y actuales procesaran y aplicaran en sus políticas educativas. Es muy recomendable ojear el blog titulado «nada es gratis» donde éstos y muchos más profesionales nos alumbran continuamente con una visión objetiva y técnica de lo que nos está ocurriendo a nivel general en nuestro país. Menos ordenadores y mejores profesores no es una afirmación estática, parcial y descontextualizada de nuestra realidad educativa sino un simple eslogan que pretende hacer reflexionar sobre la posibilidad de que el énfasis de las reformas educativas no se está poniendo en los aspectos que podrían ser claves para mejorar el nivel educativo de nuestro país. Es posible que gran parte de las políticas educativas que vienen desarrollándose tiempos atrás y las que actualmente pretenden implantarse no sean realmente estructurales con una verdadera vocación largoplacista. Seguimos inmersos en políticas educativas cortoplacistas basadas en un gran número de debates populistas con una clara vocación de optimización del rédito político inmediato como son las cuestiones de educación para la ciudadanía frente a religión, tener o quitar los crucifijos en las clases, el ratio profesor alumno en las escuelas que no sea en ningún caso mayor de 30 alumnos, el incremento de tecnologías en las aulas orientadas a que cada alumno tenga un ordenador en clase  y cada clase una pantalla táctil, etc. Que no digo que no sean temas que se deberían tratar o que no tienen ninguna importancia, lo que planteo es  que son cuestiones menos urgentes pues no afectan directamente o lo hacen al  menos con menor intensidad a la consecución del objetivo educativo que es más urgente y principal actualmente en nuestro país, el incremento y desarrollo del nivel de rendimiento académico de nuestros alumnos y profesores.

mejor estudiar con un buen profesor que con un gran ordenador

Necesitamos con urgencia que en España se instauren políticas educativas estructurales de fondo que provoquen verdaderos cambios en nuestro sistema educativo y además, necesitamos que éstas sean contundentes y se ejecuten sin miedos, sin complejos del qué dirán. Hoy quiero centrarme simplemente en uno de esos aspectos que me parecen claves como es la creación de modelos de gestión centralizados a nivel nacional que permitan evaluar en momentos determinados el esfuerzo y los resultados académicos tanto para el alumno (discente) como para el profesor (docente) vinculando a los resultados obtenidos un sistema de compensaciones y recompensas al trabajo bien hecho. Comienza a existir un número no despreciable de estudios científicos que nos permiten empezar a cuestionar que los medios materiales de los que disponga el alumno, el nivel socieconómico en el que convive el alumno y el nivel de formación universitaria de los padres, si bien son cuestiones importantes, no son variables tan  indispensables como pensábamos para que los alumnos obtengan mejor rendimiento académico. Para comenzar a deconstruir conocimientos simplemente nos valdría con observar el nivel de rendimiento académico de los alumnos chinos obtenidos en las evaluaciones de los informe PISA alcanzando una media de 600 puntos. Esto es más de un 25% superior que la media Europea. Espero que ningún erudito en ciencias políticas me explique lo negativo y las desigualdades del régimen chino pero es un dato que nos debe hacer pensar a nivel general sobre qué estamos haciendo hoy para competir el día de mañana sobre todo cuando el nivel tecnológico de sus centros educativos, el entorno socioecómico de una familia media china y el número de padres con formación universitaria es muy inferior al que se tiene actualmente en Europa. Empero a lo anterior deberíamos preguntarnos si ¿tenemos un sistema educativo y convivimos en una sociedad que premie los comportamientos de esfuerzo y rendimiento académico y que castigue o, al menos no incentive, la falta de trabajo y esfuerzo?. Desde mi punto de vista la mayoría de las políticas educativas actualmente implantadas generan una discriminación positiva hacia el inmovilismo y la falta de trabajo pues continuamente estamos dando nuevas oportunidades y atenciones a los alumnos de bajo rendimiento académico obviando el potenciar al alumno que demuestra un rendimiento académico bueno o brillante. Y vuelvo nuevamente a matizar mi reflexión para evitar malas interpretaciones, a veces derivadas de la lectura, otras del ánimo de destrucción de cualquier reflexión que se inicie por este camino, y es que no quiero transmitir que no se apoye al alumno con menos capacidad o menos brillante, lo que planteo es que no se puede apoyar la falta de trabajo y esfuerzo, y que éstas son prácticas que debemos perseguir y no incentivar al tiempo que debemos apoyar e incentivar el rendimiento. Para quienes no puede haber ningún tipo de tregua son para los que esperan que todo les venga dado de antemano por nacer en un país como el nuestro.

Adquiere conocimientos de buenos profesores y hazte rico

Es posible que el planteamiento descrito anteriormente sea una de las principales razones por la que,  si bien nuestros alumnos están dentro de la media europea, tomando como referencia a todo el universo objeto de estudio dentro del informe PISA, cuando nos comparamos con otros países a partir del percentil 70, empezamos a observar que nuestro país destaca por la escasez de alumnos brillantes. Creo que no deberían sorprendernos estos resultados en nuestro país, pues el alumno con buen rendimiento académico, el “empollón”, no es una persona que se admira entre sus iguales normalmente, ni sobre las que el sistema actual tiene desarrollados una serie de herramientas de apoyo para mejorar su rendimiento. Además, siguiendo nuestro modelo educativo el alumno no tendrá la oportunidad de ingresar en  las mejores universidades españolas, que por cierto, seguimos sin tener ninguna dentro de las 200 mejores del mundo, pero esa es otra cuestión que otro día hablaremos. Por tanto, nos encontramos con una especie de mutante dentro del aula al que normalmente nadie, evidentemente ni el sistema instrumenta medios que lo permitan,  hace especialmente caso pues no le hace falta que le ayuden ya que “con lo listo que es, el va solito”. O empezamos a generar modelos e instrumentos que premien la excelencia académica de nuestros mejores alumnos o estaremos cada vez más sedientos de talentos en nuestro país puesto que, además de generar un número reducido de ellos, los pocos que generamos actualmente seguirán marchándose a otros países con mejores modelos y sistemas que el nuestro, tal y como, por desgracia, nos ocurre actualmente con demasiada frecuencia. Se tiene que generar un sistema de incentivos tanto para los alumnos como para los centros educativos y profesores que destaquen por su rendimiento, traducido en unidades monetarias directamente o vinculados a gastos de formación extraescolares, profesores de apoyo para la optimización del rendimiento del alumno, en definitiva, sistemas que reconozcan, premien y protejan la excelencia académica.

Aprende de buenos profesores en todos los ámbitos de la vida

Por otro lado me parece relevante destacar que la población docente gastamos gran parte de nuestros esfuerzos “echando balones fuera”, exonerándonos de cualquier tipo de responsabilidad sobre la conductas de los alumnos y utilizando frases tan típicas y frecuentes como, “es que los alumnos no estudian”, “es que no tienen respeto al profesor”, etc. Y nosotros los docentes, ¿Qué?; por supuesto somos todos seres especiales con gran aptitud y actitud para la docencia pero el material humano que nos llega es de muy baja calidad. Desde mi punto de vista creo que muchos de los que somos docentes, seguramente tengamos muchos méritos académicos y curriculares para serlo, pero puede que no seamos capaces de enseñar, de transmitir, de comunicar lo realmente importante al alumno, en definitiva, que es muy probable que, a pesar de nuestro denso, pesado y magnífico currículo seamos malos profesores. Bajo este prisma, pienso que se deberían instaurar en los centros educativos sistemas nacionales validados de evaluación del nivel del alumno antes de iniciar el curso y al finalizar. La finalidad para mí es muy clara, generar un sistema de incentivos económicos para los docentes que consiguen una varianza superior a “x” al finalizar el curso académico en la variación del nivel de rendimiento académico alcanzado por sus alumnos. Por tanto, no estaríamos premiando a los profesores que tiene alumnos con mejores rendimientos académicos sino a los que más han afectado individualmente a cada uno de los alumnos en su proceso de aprendizaje. Se que estas dos breves reflexiones generales orientadas a premiar el esfuerzo y el rendimiento, tanto de los profesores como de los alumnos, pueden parecer un poco drásticas pero, si tienen alguna duda, les ruego dediquen un par de horas y asómense a la ventana para observar qué están haciendo a nivel de políticas educativas el resto de países vecinos con los que estamos actualmente compitiendo y con los que nuestros hijos tendrán que competir en el futuro y, les afirmo que a buen seguro, se les despejarán un gran número de dudas.

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